Buf. Buf.Resoplo porque me cuesta pensar en qué me empuja a seguir viendo
One Tree Hill. A pesar de que ha llegado un punto en el que soy totalmente consciente de que la serie no sabe por donde va, no tiene idea de cómo han llegado hasta donde estan sus personajes y ni se imaginan hasta donde vamos a llegar, no puedo dejar de verla.
En la
cuarta temporada sí sabía porqué: Estaba enganchada a los personajes (no a todos) y pasaba sus tramas tremendistas e inverosímiles por ese hecho. La
quinta ya se salió de madre. Cuatro años habían convertido a los protagonistas de la historia en personas completamente distintas a las que yo había conocido hasta entonces. Jóvenes de 21 años que llevaban vidas completamente ajenas a su edad que se guiaban por principios o caracteres muy poco constantes con lo que habían sido hasta la temporada anterior.
Pero me he ido muy adelante y me he saltado
la época de los halagos.
Comencé
One Tree Hill a principios de verano, en parte impulsada por mi sequía de series hormonas y en parte porque me parecía algo adecuado y ligero para el comienzo del calor. Y me sorprendió gratamente.
La
primera temporada es refrescante. Me ofreció mucho más de lo que aparentaba en un principio y me gratificaba estar viendo una serie juvenil diferente a lo que estamos acostumbrados. Si, la base culebrón la tenía, la tienen todas, pero sus personajes tenían algo especial que consiguió calarme mucho algo que, unido al rollo del baloncesto (una, que echa de menos aquella época en la que jugaba en federación. Maldita ocupada vida de (cuasi) adulto) hizo que se convirtiera en una serie a recomendar. De esas que dices:
Eh, que es más de lo que parece.La
segunda continuó por el buen camino, supo mantener el nivel y el interés pero fue con la
tercera temporada cuando las cosas empezaron a empeorar. Se les acababan las tramas y empezaron a tirar de lo típico y a dejar de lado el tema del baloncesto (además de la cabecera). Aunque tuvo rachas de episodios muy buenas, tenía
muchos altibajos y la sensación general de la temporada fue algo peor que las anteriores.

Como ya he anticipado antes,
la cuarta ha sido la peor. Asesinatos, acosos y, en definitiva, tramas salidas totalmente de madre que dieron a la serie un excesivo dramatismo que no le correspondía, lo que restó interés y calidad a sus personajes, que se veían envueltos en situaciones estándar, con resoluciones estándar que les obligaban a pensar y actuar de formas que ya hemos visto mil veces antes. Además la cuarta se caracteriza por plantar una semilla de
rechazo hacia ciertos personajes que fue creciendo hasta el punto de la incomodidad. Dan es el gran ejemplo en mi caso. No sólo no le soportaba como persona (que para eso estan los personajes odiosos) sino que me resultaba molesto como personaje y me cabreaba cada vez que tenía que soportar una secuencia suya. Sólo le faltaba poner la mirada “
tengo un anzuelo clavado en la ceja y me gusta”.
La
quinta ya fue la repanocha (como mola esa palabra). Nada tenía sentido ni era creíble. Si ya me importaba poco, el personaje de
Lucas me era totalmente ajeno… y eso que
Peyton siempre ha sido de mis favoritas y ya la tocaba ser feliz porque a la pobre no le han dado un respiro en toda la serie.
Los deseos de
Brooke de ser madre eran totalmente risibles, por no hablar de la actitud hacia su insufrible madre.
Peyton ha pasado de ser un personaje con mucha fuerza, personalidad y mundo interior a depender de Lucas. A pesar de la
cantidad de sueños, metas y valores que siempre ha tenido esta chica, se limitó a babear y lloriquear por Lucas. Y no me hagáis hablar de los líos de faldas de
Mouth, un personaje hacia el que mis sentimientos han sido inconstantes ya que a veces no le soporto y a veces me encanta.
Lo mejor de la serie al menos se ha mantenido casi intacto desde el inicio hasta el momento, además de añadir un elemento genial más: Los Scott.
Haley, Nathan y, ahora, Jaime, siempre han sido lo mejor de la serie. Esa pareja constante e irrompible (algo poco común en estas series) que han reflejado durante toda la serie las diferentes etapas y dificultades de la madurez. Desde perseguir o sacrificar los sueños, pasando por la confianza, la familia o el ser fiel a ti mismo. Si, con frecuencia son demasiado cursis, pero se les perdona por todo lo demás (y por ser tan monos). Y, además, han aumentado la familia con ese gran pequeño Jaime, el hijo perfecto (es lo que tiene estar guionizado). Elocuente, gracioso, listo y monísimo, siempre pone la puntita a los episodios, añadiendo mucho más de lo que podría parecer en un principio.
Aquí había quedado la cosa después de cinco años en antena y a punto de ser cancelada. Intentaron subir el nivel, borrar al menos el bajón de la cuarta, con ese
adelanto en el tiempo de cuatro años al comienzo de la quinta, pero sólo lograron restarle alma a la serie forzando situaciones que no correspondían.
Ahora ha llegado la sexta, de nuevo en la temporada de otoño y de vuelta a los 23 episodios de rigor, de los que ya hemos visto dos… pero de eso os tocará leer en la parte 2.