
Para cualquiera es complicado imaginar nuestra reacción o cómo afrontaríamos el tema si nos enterásemos que padecemos un cáncer. Este asunto ha sido abordado con frecuencia en cualquier medio para contar historias y, aunque duro, es un tema que siempre me ha gustado por su habitual carácter personal e íntimo. Dos de las mejores series que se emiten actualmente en la televisión americana enfocan este tema desde dos prismas completamente distintos, pero igualmente disfrutables. No hay spoilers.Por un lado tenemos a Cathy, una mujer de mediana edad que descubre que padece un melanoma en estadio cuatro. Su primera reacción, además de ocultar la noticia a sus seres queridos, es la reflexión. Piensa en su vida, en las ilusiones perdidas y en lo que quiere hacer con el tiempo que le queda. Walter es más visceral, es un profesor de química pluriempleado e infeliz que se deja llevar por la rabia y el descontento desde el primer momento de conocer que tiene cáncer de pulmón en estadio tres.
Cathy es la protagonista de The Big C, dramedia de Showtime en la que somos testigos su forma de enfrentarse a la enfermedad y cómo ésta afecta a la relación con su marido, su hijo, su hermano o su asocial vecina. El salto cualitativo de la recién estrenada segunda temporada acompaña a la evolución del personaje de Cathy, cuya actitud de tough bitch ha contagiado a todos los personajes que la rodean y ayudado a potenciar y dar cuerpo a las tramas secundarias.
A pesar del contexto narrativo, The Big C es tremendamente buenrollista y es la parte divertida de sus protagonistas la que predomina en diálogos y situaciones. En la otra cara de la moneda encontramos a Breaking Bad, un drama de AMC en el que el humor irónico y negro que le caracterizaba ha ido cediendo cada vez más terreno a lo sucio, lo oscuro, lo enfermizo y lo violento.A estas alturas hemos vivido más mierda con Walter White que excentricidades con Cathy y se nota en la evolución de ambos. Aquel profesor de química que va descubriendo el tipo duro y resolutivo escondido en su interior hace tiempo que ha muerto, y el verdadero cáncer de su vida a estas alturas de la cuarta temporada son las consecuencias del camino y las decisiones que ha ido tomando desde que descubrió su enfermedad.
Un detonante, dos personajes magnéticos e interesantes, dos acercamientos opuestos al mismo planteamiento, un drama pausado y desalentador, una dramedia optimista, un suburbio, un desierto arenoso y agobiante…. Y dos series distintas pero igualmente recomendables e imprescindibles.
Después de aquella primera parte, sigo con los breves comentarios de mis series del verano ;)

