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viernes, 6 de diciembre de 2013
Celebremos el frío con un clásico que nunca envejece, ‘Doctor en Alaska’
Cojamos una taza de sopita calentita, tapémonos con la batamanta –que mucho cachondeo pero como abriga la cabrona- y acompañemos este frío polar que ha empezado a bajar los termómetros con un viaje a Cicely, ese peculiar y encantador pueblo televisivo al que se muda Joel Fleischmann, un médico neoyorkino judío que se ve obligado a trabajar en la consulta de este pueblo perdido de Alaska. Las desventuras del doctor Fleischmann acabaron emitiéndose en España a horas intempestivas en La 2; una de mis primeras anécdotas seriéfilas deriva de esto, cuando yo en mi tierna pre-adolescencia me iba a la cama después de ‘Vivir con Mr. Cooper’, ‘Infelices para siempre’ o la sitcom post-cena del momento en TVE2. Horas más tarde, a la 1 de la madrugada, mi padre subía el volumen de la inolvidable canción que acompañaba a la intro de la serie para despertarme. Y yo corría al salón para no perderme ni uno sólo de los programas de Chris, de los accidentes de los novios de Maggie, de las películas de Ed o de los monosílabos de Marilyn.
Sigue leyendo con nostalgia sobre Cicely en 1001 Experiencias
viernes, 29 de noviembre de 2013
En el mundo de los gatos Isidoro es el amo
Yo siempre seré de Garfield (tenía que decirlo, por si el título con la letra de la canción de cabecera provocaba confusión) pero no cabe ninguna duda que ‘Isidoro’ forma parte de esa nostalgia en forma de dibus de la infancia de muchos de nosotros. Al igual que la historia del gato adicto a las lasañas (que dejaremos para otro Nostalgia TV), ‘Isidoro’ empezó su existencia con una tira cómica, creada por George Gately a principios de los años 70 como un gato con mal genio, naranja con rayas y muy enredón (aunque nada casero).
Sigue leyendo sobre Isidoro -es genial, es el rey de la ciudad- en ¡Vaya Tele!
sábado, 2 de noviembre de 2013
La corona mágica
¡Ah! Los dibus de la infancia. Ya lo comentaba cuando hablé de los nacimientos del 1983 televisivo y lo demuestro aquí. Las series animadas de nuestros primeros años es uno de los temas más recurrentes entre una misma generación. Y es normal; escuchas de nuevo esas notas con las que empezaba tu serie favorita mientras desayunabas a las 7:30 de la mañana antes de ir al cole y te entra una nostalgia insoportable de otros tiempos más sencillos, cuando conseguir una sensación de paz y tranquilidad era tan fácil como levantarte temprano un sábado para no perderte ni un episodio y ser el dueño de un salón (y casa) en absoluto silencio.
‘La Corona Mágica’ es para mí una de esas series y, sin embargo, me cuesta bastante encontrar a gente de mi generación que recuerde haberla visto o que la recuerde con estima. Cuenta tan sólo con una temporada de 26 episodios, cosa que jamás habría pensado. Es un poco el síndrome ‘Verano Azul’; la repitieron tantísimo que daba la sensación de que tenía chorrocientos capítulos y solo eran 19. Televisión Española, cuando aún no había cadenas privadas, emitió las aventuras de Rahman y compañía a finales de 1989 en la sobremesa de los sábados, una producción española que hasta hace nada aún aparecía reflejada en la base de datos en RTVE.es.
Sigue leyendo sobre estos dibus de la infancia en ¡Vaya Tele!
jueves, 10 de octubre de 2013
Nacimientos del 1983 televisivo
Dentro de un par de décadas quizá alguien eche la mirada atrás a estos días televisivos; quizá escriba sobre el auge de las series escandinavas, subraye cómo en televisión Hollywood también se embarcó en una era de remakes, reboots, adaptaciones, secuelas (esta temporada de nuevo estaremos inundados entre cuentos clásicos, pasos de gran a pequeña pantalla, adaptaciones literarias…) o marquen el final de ‘Breaking Bad’ como el hito que ya todos deberíamos estar reconociendo. A veces es necesario mirar atrás. Por nostalgia, claro, pero también por perspectiva; y hoy quiero celebrar mi cambio de década con vosotros echando un ojo a lo que nos dio 1983 televisivamente hablando, ¿me acompañáis?
Aunque en ABC viese la luz en 1978, la serie original de ‘Battlestar Galactica’ llegó a Televisión Española en 1983. Yo no recuerdo haberla visto en televisión, aunque después me sentaba junto a mi padre a –o me escondía tras el sofá según cuál tocase en ese momento- a ver todos los títulos de ciencia ficción que se tragaba como ‘V’ o ‘SeaQuest’, así que no me extrañaría que algo de aquel primer Teniente Adama se quedase por mi subconsciente para después emerger con la versión moderna (cuyo estreno cumple 10 años en diciembre, por cierto). La serie de los lagartos (que es la que vía con los ojos cerrados, si me entendéis), también es hija del 83, ya que NBC estrenó la miniserie que arrancó la saga en mayo de aquel año.
Sigue con la nostalgia televisiva en Vaya Tele
lunes, 5 de diciembre de 2011
Mis primeras series I: Sailor Moon
Desvariando sobre la épica para mamarrachos, me acordé de Sailor Moon, uno de esos animes que no me perdía ni una sola tarde cuando era jovenzuela. Porque sí, muchos de los que ahora nos llamamos seriéfilos nos adentramos en este mundo a través de los dibus y los animes de nuestra adolescencia, y he decidido crear esta especie de hilo nostálgico con las que yo no me perdía ni una sola tarde.
Bunny Tsukino es una adolescente insoportablemente gritona cuyo poder radica en la habilidad insuperable para el camuflaje: un cambio de faldita y una diadema y nadie sabrá quién eres. Seguro que sacó matrícula de honor en la Superman School of Disguise.
Sailor Moon nació como manga a principios de los años 90 y pronto se convirtió en un anime que dio la vuelta al mundo. Dentro del género de las magic girls, sus protagonistas eran una versión adolescente-con-faldita de Jack Bauer, ya que salvaban a Japón y al mundo de la destrucción casi en cada episodio.
Cada capítulo duraba unos 20 minutos de los cuales aproximadamente un tercio se empleaba en los cambios de traje, ataques y posturitas varias. Este video es la versión corta de la transformación grupal.
Lo que empezó como una serie autoconclusiva fue convirtiéndose con el paso de sus cinco temporadas en una mitología llena de pasados reales, hijas del futuro, guerreros de la galaxia y todo tipo de parafernalia. Ya que estamos con los vídeos de transformaciones, aquí tenéis a las bolleras Urano y Neptuno más Plutón, no se quedan cortas tampoco.
Si es que… con lo rápido que se transforma el Señor del Antifaz, uno de mis CILFs juveniles. Aunque de los dibujos animados que me tiraría ya escribí una entrada.
Como todo anime exitoso que se precie, Sailor Moon tuvo su propio live-action, es decir, una serie con personas de carne y hueso de calidad generalmente dudosa. En el caso que nos ocupa no hay lugar a dudas: es una cosa vergonzosa cuya referencia más cercana que se me ocurre son los Power Rangers.
Con todo, yo sigo teniendo mucho cariño a Sailor Moon. No en vano fue mi serie favorita allá a mis tiernos 10 años, cuando por el día me peleaba con mi madre para que me dejase llevar una zapatilla de cada par como Punky Brewster y por la tarde jugaba a transformarme en guerrero Marte.
Bunny Tsukino es una adolescente insoportablemente gritona cuyo poder radica en la habilidad insuperable para el camuflaje: un cambio de faldita y una diadema y nadie sabrá quién eres. Seguro que sacó matrícula de honor en la Superman School of Disguise.
Cada capítulo duraba unos 20 minutos de los cuales aproximadamente un tercio se empleaba en los cambios de traje, ataques y posturitas varias. Este video es la versión corta de la transformación grupal.
Lo que empezó como una serie autoconclusiva fue convirtiéndose con el paso de sus cinco temporadas en una mitología llena de pasados reales, hijas del futuro, guerreros de la galaxia y todo tipo de parafernalia. Ya que estamos con los vídeos de transformaciones, aquí tenéis a las bolleras Urano y Neptuno más Plutón, no se quedan cortas tampoco.
Si es que… con lo rápido que se transforma el Señor del Antifaz, uno de mis CILFs juveniles. Aunque de los dibujos animados que me tiraría ya escribí una entrada.
Como todo anime exitoso que se precie, Sailor Moon tuvo su propio live-action, es decir, una serie con personas de carne y hueso de calidad generalmente dudosa. En el caso que nos ocupa no hay lugar a dudas: es una cosa vergonzosa cuya referencia más cercana que se me ocurre son los Power Rangers.
Con todo, yo sigo teniendo mucho cariño a Sailor Moon. No en vano fue mi serie favorita allá a mis tiernos 10 años, cuando por el día me peleaba con mi madre para que me dejase llevar una zapatilla de cada par como Punky Brewster y por la tarde jugaba a transformarme en guerrero Marte.
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