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La noche sobrenatural de la CW ha empezado: un jueves con dos series cuyo prácticamente único punto en común son los chicos guapos.
Por un lado tenemos Supernatural, una fantástica producción de género con un drama familiar interesante, una fuerte mitología y una deliciosa mezcla entre el humor y el suspense. Al otro tenemos Vampire Diaries, una postiza extensión del universo Crepúsculo que se apoya en un vacío drama exageradamente intenso sin otro objetivo que conseguir lo que ha conseguido: superar todos los records de audiencia de la cadena.
El universo vampírico de esta nueva serie es artificial y recurre a lo conocido del tema cuando le viene bien para sus efectismos baratos. Utiliza mecanismos absurdos que intentan tener un significado (como eso de no enseñar la cara de él hasta que se topa con la chica en el baño) pero que no dejan de ser clichés altamente manidos del género.
El uso de una música “a la moda” es forzado y raras veces encaja con la secuencia, la actriz protagonista y ese aire de sufrida pero madura adolescente son vomitivos, los efectos especiales resultan aún más vergonzosos que los de la propia Crepúsculo y sus momentos “cine de terror adolescente” son absolutamente risibles. El momento: “veo una niebla banca y grito “Jeremy, eres tú?” me hizo soltar más de una carcajada pero no más que la chorrada de la vidente y su momento chungo de “estoy sintiendo que… (cara intensa) esto no es más que el principio"
El caso es que ha resultado ser peor de lo que esperaba. Las series adolescentes, y si le añades el regusto “crepuscular”, están plagadas de clichés, personajes tan intensos como hormonados y situaciones forzadas pero Vampire Diaries no hace suyos todos estos tópicos. Está vacía. Y ese vacío es lo que hace que ni siquiera se la pueda catalogar de placer culpable. Eso sí, hay que reconocerle una cosa: va a lo que va y eso lo tiene muy claro.
Pero me paso ya, gustosamente, al regreso de los hermanos Winchester a nuestras vidas. La cosa prometía y, a pesar de haber leído algunos comentarios de decepción entre sus seguidores, a mí me ha parecido una premiere excelente precedida con uno de esos Road So Far que te hacen aplaudir mientras te revuelves en tu asiento de la expectación ;) Cuidado, a partir de aquí hay spoilers.
La idea de ver los motivos y sufrimientos del “recipiente” de Lucifer, cómo retoman la idea de que los Ángeles acaban siendo incluso más malvados que los demonios (al fin y al cabo, los demonios van con la mentira y las malas intenciones por delante, los ángeles son unos retorcidos del demonio, si se me permite la gracieta) y cómo introducen un nuevo elemento: La espada de Miguel.
El episodio ha tenido todos esos elementos de la serie que más nos gustan y en el nivel adecuado: tensión, acción, humor, parodia, mitología, e ida de pelota. Todito. Y Castiel, por supuesto. Como siempre, inolvidable. Pero hay dos cosas que no acaban de convencerme, más por lo que conllevan que por lo que afecta a este episodio. Una es el tema de la espada. Me gustaba más la idea de “tenemos algo nuevo que buscar” que el “soy Dean y por mis santas escopetas que no voy a ser un recipiente”, aunque esto pueda traer consecuencias interesantes.
El otro tema es la relación de los hermanos. Reconozco que esto es algo personal ya que su relación actual es la evolución lógica de todo lo que ha ocurrido pero necesito un cambio aquí. La cuarta temporada ha sido la del distanciamiento y enfrentamiento real entre los hermanos, necesito que la quinta sea la de reconciliación y vuelta a su profunda amistad, compenetración y confianza. Pero este tema sólo lo podrá aclarar el tiempo.
En cualquier caso, para mí este episodio ha demostrado que los guionistas siguen en forma y que nos tienen preparada una temporada trepidante y un final, esperemos que de serie, apoteósico. Hasta entonces, menos vampiros hormonados y más lucha infierno-celestial. Por cierto, me despido con una confesión: veré el segundo de Vampire Diaries. No, no es masoquismo, ni es una segunda oportunidad… son ganas de reírme, simplemente ;)
La noche sobrenatural de la CW ha empezado: un jueves con dos series cuyo prácticamente único punto en común son los chicos guapos.Por un lado tenemos Supernatural, una fantástica producción de género con un drama familiar interesante, una fuerte mitología y una deliciosa mezcla entre el humor y el suspense. Al otro tenemos Vampire Diaries, una postiza extensión del universo Crepúsculo que se apoya en un vacío drama exageradamente intenso sin otro objetivo que conseguir lo que ha conseguido: superar todos los records de audiencia de la cadena.
El universo vampírico de esta nueva serie es artificial y recurre a lo conocido del tema cuando le viene bien para sus efectismos baratos. Utiliza mecanismos absurdos que intentan tener un significado (como eso de no enseñar la cara de él hasta que se topa con la chica en el baño) pero que no dejan de ser clichés altamente manidos del género.El uso de una música “a la moda” es forzado y raras veces encaja con la secuencia, la actriz protagonista y ese aire de sufrida pero madura adolescente son vomitivos, los efectos especiales resultan aún más vergonzosos que los de la propia Crepúsculo y sus momentos “cine de terror adolescente” son absolutamente risibles. El momento: “veo una niebla banca y grito “Jeremy, eres tú?” me hizo soltar más de una carcajada pero no más que la chorrada de la vidente y su momento chungo de “estoy sintiendo que… (cara intensa) esto no es más que el principio"
El caso es que ha resultado ser peor de lo que esperaba. Las series adolescentes, y si le añades el regusto “crepuscular”, están plagadas de clichés, personajes tan intensos como hormonados y situaciones forzadas pero Vampire Diaries no hace suyos todos estos tópicos. Está vacía. Y ese vacío es lo que hace que ni siquiera se la pueda catalogar de placer culpable. Eso sí, hay que reconocerle una cosa: va a lo que va y eso lo tiene muy claro.
Pero me paso ya, gustosamente, al regreso de los hermanos Winchester a nuestras vidas. La cosa prometía y, a pesar de haber leído algunos comentarios de decepción entre sus seguidores, a mí me ha parecido una premiere excelente precedida con uno de esos Road So Far que te hacen aplaudir mientras te revuelves en tu asiento de la expectación ;) Cuidado, a partir de aquí hay spoilers.
La idea de ver los motivos y sufrimientos del “recipiente” de Lucifer, cómo retoman la idea de que los Ángeles acaban siendo incluso más malvados que los demonios (al fin y al cabo, los demonios van con la mentira y las malas intenciones por delante, los ángeles son unos retorcidos del demonio, si se me permite la gracieta) y cómo introducen un nuevo elemento: La espada de Miguel.
El episodio ha tenido todos esos elementos de la serie que más nos gustan y en el nivel adecuado: tensión, acción, humor, parodia, mitología, e ida de pelota. Todito. Y Castiel, por supuesto. Como siempre, inolvidable. Pero hay dos cosas que no acaban de convencerme, más por lo que conllevan que por lo que afecta a este episodio. Una es el tema de la espada. Me gustaba más la idea de “tenemos algo nuevo que buscar” que el “soy Dean y por mis santas escopetas que no voy a ser un recipiente”, aunque esto pueda traer consecuencias interesantes.El otro tema es la relación de los hermanos. Reconozco que esto es algo personal ya que su relación actual es la evolución lógica de todo lo que ha ocurrido pero necesito un cambio aquí. La cuarta temporada ha sido la del distanciamiento y enfrentamiento real entre los hermanos, necesito que la quinta sea la de reconciliación y vuelta a su profunda amistad, compenetración y confianza. Pero este tema sólo lo podrá aclarar el tiempo.
En cualquier caso, para mí este episodio ha demostrado que los guionistas siguen en forma y que nos tienen preparada una temporada trepidante y un final, esperemos que de serie, apoteósico. Hasta entonces, menos vampiros hormonados y más lucha infierno-celestial. Por cierto, me despido con una confesión: veré el segundo de Vampire Diaries. No, no es masoquismo, ni es una segunda oportunidad… son ganas de reírme, simplemente ;)