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No me gustan los procedimentales. Es un género que por norma general evito, al igual que las series de abogados. Soy consciente que tener esta barrera inicial me va a hacer perderme buenas series o incluso condicionarme cuando doy esa primera oportunidad al ver el piloto. Pero no lo puedo evitar. Supongo que todos tendréis ese género o esa característica en una serie que os echa para atrás.
A pesar de ello, siempre suelo dar una oportunidad a los títulos que tengan algo llamativo y, en este caso, Nathan Fillion garantizaba un primer contacto con Castle, nueva serie de esta temporada recién acabada protagonizada por un escritor de bestsellers policíacos que se pega como una lapa a una inspectora de la policía de Nueva York, ayudándola en los casos mientras recoge material para su próximo libro.
Castle no es una serie buena. Su planteamiento no es original, su formato tampoco, los casos son generalmente predecibles y el interés se sujeta con pinzas, la química entre los protagonistas deja mucho que desear y, salvo el entorno familiar de él, los secundarios dejan muchísimo que desear. Pero, a pesar de todo ello, me gusta.
El canalla de Nathan Fillion es prácticamente el único valor diferencial de este procedimental, sus chascarrillos, sus caras de pillo, sus comentarios jocosos y la relación que tiene con su hija y su madre es lo que realmente hace que uno se enganche a la serie. Los casos episódicos son lo suficientemente entretenidos para mantener el interés aunque lo cierto es que ha tenido bastantes altibajos en este sentido.
Las salidas de Castle, comentarios picajosos a Beckett y demás son geniales, y con frecuencia me sorprendo a mí misma soltando una carcajada. Realmente es una pena que ella no sea más interesante como personaje y que la química entre ellos dos sea nula. Esa tensión sexual a la que se juega es totalmente artificial. Ya sólo con que ellos dos fueran una pareja potente podrían sostener el resto.
Los procedimentales que me gustan, como Leverage, acaban cansándome si sus casos me aburren o me dan igual y hasta ahora Fillion ha contrarestado bien otras carencias pero, ¿hasta cuando podremos permitir que la única pata que no cojea sea él?
Acabo con una curiosidad. El apartamento de Castle es el mismo set que usaron para el apartamento de Mick en Moonlight.
No me gustan los procedimentales. Es un género que por norma general evito, al igual que las series de abogados. Soy consciente que tener esta barrera inicial me va a hacer perderme buenas series o incluso condicionarme cuando doy esa primera oportunidad al ver el piloto. Pero no lo puedo evitar. Supongo que todos tendréis ese género o esa característica en una serie que os echa para atrás.A pesar de ello, siempre suelo dar una oportunidad a los títulos que tengan algo llamativo y, en este caso, Nathan Fillion garantizaba un primer contacto con Castle, nueva serie de esta temporada recién acabada protagonizada por un escritor de bestsellers policíacos que se pega como una lapa a una inspectora de la policía de Nueva York, ayudándola en los casos mientras recoge material para su próximo libro.
Castle no es una serie buena. Su planteamiento no es original, su formato tampoco, los casos son generalmente predecibles y el interés se sujeta con pinzas, la química entre los protagonistas deja mucho que desear y, salvo el entorno familiar de él, los secundarios dejan muchísimo que desear. Pero, a pesar de todo ello, me gusta.
El canalla de Nathan Fillion es prácticamente el único valor diferencial de este procedimental, sus chascarrillos, sus caras de pillo, sus comentarios jocosos y la relación que tiene con su hija y su madre es lo que realmente hace que uno se enganche a la serie. Los casos episódicos son lo suficientemente entretenidos para mantener el interés aunque lo cierto es que ha tenido bastantes altibajos en este sentido.
Las salidas de Castle, comentarios picajosos a Beckett y demás son geniales, y con frecuencia me sorprendo a mí misma soltando una carcajada. Realmente es una pena que ella no sea más interesante como personaje y que la química entre ellos dos sea nula. Esa tensión sexual a la que se juega es totalmente artificial. Ya sólo con que ellos dos fueran una pareja potente podrían sostener el resto.Los procedimentales que me gustan, como Leverage, acaban cansándome si sus casos me aburren o me dan igual y hasta ahora Fillion ha contrarestado bien otras carencias pero, ¿hasta cuando podremos permitir que la única pata que no cojea sea él?
Acabo con una curiosidad. El apartamento de Castle es el mismo set que usaron para el apartamento de Mick en Moonlight.


Mucho se ha dicho ya pero yo no puedo dejar de 








