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jueves, 12 de enero de 2012

Autoconclusivo de incógnito


Los índices de audiencia de las series americanas han probado durante años que un producto que no exige el compromiso del espectador suele tener ventaja sobre el resto. La comedia, autoconclusiva por naturaleza, siempre ha sido el género por excelencia al otro lado del charco. Incluso tras una década de grandes cambios para un formato antaño muy encorsetado en unas pocas reglas inamovibles, las sitcom siguen cosechando gran éxito. Junto a ellas encontramos los NCIS, Houses y CSIs de turno, procedimentales profesionales que llevan la conclusividad tatuada en la frente.

En un momento en el que Hollywood está llevando la práctica de reducción de riesgos al extremo, agarrándose a cualquier mínima garantía de éxito, los ejecutivos de televisión no se han quedado atrás. ¿La meta? El híbrido perfecto entre una trama abierta que permita la entrada a nuevos espectadores y esos elementos de enganche que inviten al espectador a volver sin sentirse frustrado por una semana de ausencia.

El culebrón es, por definición, el colmo de la serialidad. Sin embargo, ese gran placer culpable en el que se ha convertido Revenge, consiguió camuflar una estructura pseudo autoconclusiva en sus primeros episodios, haciendo gala de esa “venganza de la semana” que ya comentaba en esta entrada sobre la serie de ABC.

American Horror Story se lleva la práctica a su terreno de forma muy inteligente. Con La Casa en el corazón del misterio global, disfraza al “fantasma de la semana” que arma los episodios convirtiendo paulatinamente a sus secundarios en protagonistas. Es brillante porque, en lugar de envolver lo autoconclusivo con pinceladas de lo horizontal, algo que Fringe hace estupendamente y aún así repele a los caso-haters, logra tirar de la historia de forma totalmente serializada a base de píldoras conclusivas, dejando satisfecha la sed de información de un espectador que vuelve a buscar más.

No tan bien le va a Once Upon a Time en este sentido, una serie que busca contar su versión de las fábulas infantiles con la excusa de su detonante. Cada episodio se centra en mostrarnos las dos caras de la misma moneda: la versión fantástica de un personaje y su reflejo en el mundo real. ¿Problema? Ha construido una mitología propia interesante y las raciones de información nueva son tan atrayentes, que cierto sector de su público está impaciente de explosiones argumentales sin comprender que este no es el objetivo. Pedirle esto a Once Upon a Time es como si hubiésemos pedido conocer a la madre a diez episodios del estreno de How I Met Your Mother.

De cualquier manera, yo imagino a los directivos de las cadenas soltando de forma aparentemente inocente algo tipo “si me metes rollo autoconclusivo, no pasa nada ¿eh?” en las reuniones con las productoras, y me gusta ver cómo los guionistas se estrujan el cerebro para intentar que coherencia, calidad y comercialidad vayan de la mano.


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Érase una vez que se era...

Esto de las modas temáticas es imprevisible, ¿Quién nos iba a decir que a los vampiros y los zombies les seguirían las fábulas infantiles? Quizá sea por la necesidad actual de creer en los finales felices, pero el caso es que tenemos varias Blancanieves camino de las salas de cine y un par de series en televisión en torno a ese mundo mágico.

La mayoría de los cuentos clásicos tienen un poso bastante cruel y hasta gore, algo que NBC aprovecha para acercarse a este mundo con su nuevo procedimental, Grimm. En él acompañamos a Nick, un detective de policía que descubre que su familia lleva generaciones cazando seres salidos de estas fantasía. Poco a poco tiene que averiguar lo que supone esta responsabilidad mientras resuelve crímenes y misterios casualmente similares a cuentos infantiles.

Los dos primeros episodios, que son vueltas de tuerca a Caperucita Roja y Ricitos de oro y los tres osos, muestran como Grimm ha desaprovechado un punto de partida interesante. La atmósfera, que camina entre lo tétrico, lo misterioso y lo mágico, está muy bien conseguida, pero la ausencia de carisma e interés del protagonista y los que le acompañan no consigue que conectes con la historia. Tampoco ayuda que, superada la curiosidad de cómo adaptarán el cuento de turno, los casos autoconclusivos no sean especialmente interesantes de seguir.

En la otra cara de la moneda encontramos Once Upon a Time, la apuesta de ABC. La serie se desarrolla entre dos mundos, el fantástico y aquel en el que los personajes mágicos viven encerrados sin recordar quienes son en realidad. El arranque fue algo tramposo y efectista, pero interesante y sorprendente, y la evolución de los episodios ha sido muy positiva. Destaco especialmente la habilidad de los guionistas de hacer una historia mucho más autoconclusiva de lo que aparenta: los diferentes cuentos van tomando relevancia poco a poco, mostrando los contrastes y similitudes con la anterior vida de los personajes en el mundo mágico, algo que tiene repercusión directa en los protagonistas y la trama horizontal de misterio. Todo se va desenredando sin prisa pero sin pausa, manteniendo el interés y ofreciendo pequeñas historias curiosas, además de la valentía que demuestran al entrar en el mundo mágico, que es ñoño y sobreactuado cual cuento cuando debe serlo. Mencionar, por cierto, esa cabecera que va cambiando con cada episodio y esa cantidad sorprendentemente alta de homenajes y referencias a Lost.

Acabo haciendo una recomendación. Este verano comencé a leer Fábulas, una serie cómic nacida en 2003 en la que Bill Willingham hace algo muy parecido a lo que vemos en Once Upon a Time. Aquí, las fábulas han sido expulsadas del mundo mágico por “el Adversario” y viven camufladas en la ciudad de Nueva York. Cada uno se ha buscado sus habichuelas, nunca mejor dicho, y tenemos a un Lobo reconvertido a detective privado, a Blancanieves divorciada del Príncipe Encantador que dirige el cotarro en Villa Fábula, a Bella y Bestia con problemas matrimoniales o a Cenicienta llevando una vida disoluta. La historia aprovecha lugares comunes y recursos asociados al mundo de los cuentos y los adapta de forma muy original. Es muy recomendable. En España la edita Planeta de Agostini y aquí podéis ver los tomos publicados hasta el momento.

Por cierto, a los que seguís Grimm y/o Once Upon a Time… ¿Qué fábula os gustaría ver adaptada en la serie?