Qué duro es tener que despedir a los Gallagher cada año. ‘Shameless (US)’ es sin duda una de las series que más disfruto cada temporada y tras tres años en emisión no sólo ha sido constante en sus virtudes sino que ha tenido espacio para crecer y evolucionar. El tercer season finale es una prueba de esto, supone la cumbre de muchas tramas o temas comunes que hemos visto desde el arranque de la serie y el nivel de madurez es tal que, salvo algún cabo suelto concreto, fácilmente podría haber servido de final de serie.
Pero no, no nos alarmemos. ‘Shameless’ volverá el próximo enero y hasta entonces sólo podemos imaginar qué decisiones tomarán los guionistas para ir más allá de las metas conseguidas y volver a llevar el caos a esa casa, porque si algo ha demostrado el talento creativo de la serie es que no sólo no tienen miedo a nada, sino que disfrutan del exceso. Un exceso que plantan a la perfección y del que salen con una familiaridad pasmosa. Esta naturalidad siempre ha sido una de las mayores virtudes de la dramedia de Showtime que adapta la serie inglesa del mismo título.
El día a día de Fiona y compañía es capaz de llevarnos de la risa al llanto en cinco segundos, de pasar de la absoluta ternura a la comedia más negra pasando por lo más retorcido. Frank es la perfidia hecha personaje y como espectador es imposible preguntarse si existe tope a su egoísmo y su amoralidad. Sí, existe: él mismo. Después de hacer de las suyas liándola con los Servicios Sociales, después de aquel divertidísimo enredo como voz del movimiento homosexual o del falso cáncer de Carl, finalmente tiene un gesto generoso que desencadena una situación que supondrá un antes y un después en el personaje. Fiona es honesta (como siempre) y concisa con su ultimátum: o se cura por sus hijos demostrándole que está equivocada o lo hace por él, pero ha de dejar de beber. ¿Veremos a un Frank sobrio?
Sigue leyendo sobre la tercera temporada de 'Shameless' en ¡Vaya Tele!
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miércoles, 17 de abril de 2013
jueves, 22 de marzo de 2012
El atractivo de lo moralmente cuestionable
A cualquiera le costaría creer que existe una serie familiar que ensalza los valores del compañerismo y amor fraternales, que se esfuerza en subrayar la importancia de apoyarse hasta el final y de apreciar un instante feliz en familia mientras desarrolla tramas y personajes de moralidad altamente cuestionable , logrando con ello un punto de humor negro divertidísimo. Que no os cueste creerlo, existe y se llama Shameless.Shameless es una dramedia de Showtime que cuenta las idas y venidas de la familia Gallagher y su entorno white trash . Es el remake de la serie británica del mismo título, y actualmente está a punto de finiquitar la emisión de su segunda temporada.
Es habitual encontrar personajes moralmente ambiguos en las series, esos con los que el espectador se siente confuso y encandilado a la vez. ¿Debo sentir y padecer por alguien que roza el límite de lo éticamente permisible y disfrutar con sus acciones?
A menudo encontramos versiones de estos personajes que, aunque tengan características de antihéroe, la base sobre la que se crean es esencialmente benévola en última instancia, como Gregory House o Dexter Morgan. Algunos, aparentemente razonables, se dejan llevar por lo que más les favorece, como Tyrion Lannister. Otros comienzan en el lado legal de la línea que separa lo aceptable de lo reprochable y poco a poco se hunden tanto en el lado oscuro que la línea acaba siendo un puntito, como para Walter White.
Estos personajes cautivan y fascinan al espectador por lo impredecible de su naturaleza, y es ésta característica la que los convierte a mi parecer en una herramienta complicadísima de manejar. Se necesitan pies de plomo para no llevarles demasiado lejos y provocar el rechazo del espectador. Porque no estamos hablando de villanos, sino de aquellos que no sólo buscan admiración y aceptación en el espectador, sino también identificación y apoyo.
Es por eso que me postro a los pies de Shameless. En ésta su segunda temporada, ha llevado a Frank Gallagher, magníficamente interpretado por William H. Macy, hasta el extremo más desagradable y casi denunciable posible, y lo han hecho de tal forma que en lugar de provocar rechazo, resulta aún más atrayente. Pero no es sólo Frank. La serie ha construido una red de personajes de ética difusa a los que apoyas, quieres y, sobretodo, con los que disfrutas cada episodio por su humor negro.
Cada episodio que veía pensaba que la serie había llegado al tope. Una veintena de capítulos después, está claro que Shameless no va a dejar de sorprenderme.
jueves, 2 de junio de 2011
A la mesa con siete showrunners televisivos
Con ésta colección de mentes televisivas privilegiadas, una hora de conversación auguraba cuestiones interesantes. Aquí podéis ver el vídeo completo. Recomiendo verlo entero pero voy a destacar algunos temas que he considerado dignos de sacar a debate.
Uno de los primeros temas que debaten son los asuntos presupuestarios. Graham Yost pone sobre la mesa el hecho de que las cadenas de cable suelen estar dispuestas a gastar más dinero en la primera temporada y, tras el éxito de haber captado a la audiencia, deciden recortar el presupuesto y ellos están en la tesitura de tener que seguir haciendo lo mismo pero con menos dinero. Porque, como ya decían antes en relación a todo el problema entre estudio y cadena con la renovación de Mad Men, al final del día a la gente le dan igual todos esos rollos de dinero y sólo quieren que su serie siga ahí y siga fiel a su pasado.
Resulta curioso escuchar a Jason Katims contar su experiencia con Friday Night Lights. Uno de los motivos por los que la serie sobrevivió al principio, dice, fue su capacidad de gastar incluso menos dinero del que estaba estipulado en el presupuesto, recortando días de rodaje y funcionando casi como una producción para cable sin serlo. Incluso cuando Direct TV entró en el trato, los recortes se seguían produciendo temporada a temporada y Katims casi deja caer, más adelante, que todo tiene sus ventajas y esa naturalidad y espontaneidad de la serie también venía dada por esa necesidad de hacerlo todo a la primera, de no ensayar y de confiar en unos actores tremendamente preparados que pueden juegar con sus personajes (como cuenta Connie Britton en la mesa redonda con las actrices).
El moderador pregunta a Frank Darabont si, además de los recortes presupuestarios, la cadena ha entrado en asuntos creativos y mientras que él contesta negativamente yo no dejo de pensar: pregúntale al de Friday Night Lights!. A este respecto, la mayoría parecen de acuerdo y satisfechos con la posición de las cadenas frente al control creativo sobre las series pero, claro, era inevitable entrar en el asunto de los juramentos.
Escuchar las restricciones que tienen en sus respectivas series me hace reír, por no llorar. Es todo tan absurdo. Que si tienes 4 palabrotas por episodio, puedes decir un shit, un asshole y todos los dushbags que quieras pero sólo ocho dicks. Puedes decir god y damn pero no junto. Y puedes decir Jesus Christ siempre y cuando vaya algo de por medio. Un puro absurdo que además cambia en cada cadena y dependiendo de la hora de emisión. Me gusta la puntilla de John Wells con el bueno, en Shameless no tenemos ningún tipo de límite.
Hablando de decisiones difíciles, Wells habla también del reto que les ha supuesto llevar a Frank, el personaje de William H. Macy en Shameless, de tal forma que no cruzase esa línea peligrosa de desconexión o desaprovación del espectador, y el punto álgido de esa tarea ocurre con un hecho concreto entre él, su hijo Lip y la novia de éste. Era un paso tan drástico que la cadena les instó a construirlo y justificarlo más, lo que enriqueció la trama además de hacerla aún más convincente.
Terence Winter cuenta por su parte cómo a veces la evolución natural de los acontecimientos te hace llegar a puntos complicados que requieren decisiones difíciles. En Broadwalk Empire habían contratado a cierto actor por dos temporadas, convencidos de que su personaje tendría recorrido. Sin embargo, la historia se desarrolla de forma orgánica, la serie cobra vida y se encuentran con que el desenlace lógico para ese personaje es que le asesinen. Adiós actor. Frank Darabont añade, con mucha razón, que precisamente eso es lo maravilloso de tener un buen guión y seguir la línea que la historia requiere sin tener en cuenta aspectos externos, una libertad que no todos pueden disfrutar.
A raíz de esto, Jason Katims vuelve a sacar Friday Night Lights a colación hablando de los cambios en la tercera temporada. Cuando tienes una serie en la que todos tus personajes principales tienen que graduarse, te ves en la difícil situación de tener que ser fiel a la realidad de la historia y decir adiós a actores y personajes que adoras por mucho que te duela y que seas consciente del soplo de aire fresco que eso supone para la serie.
En fin, una conversación muy interesante de un grupo de profesionales inteligentes, creativos y sorprendentemente honestos que recomiendo que disfrutéis entera porque yo sólo he destacado unos pocos temas de todos los que se tocan en la hora que dura la entrevista. Como ya he mencionado antes, también han hecho una mesa redonda con algunas atrices: Kelly Macdonald (Broadwalk Empire), Christina Hendricks (Mad Men), Melissa Leo (Treme), Julianna Margulies (The Good Wife), Regina King (Southland), Katey Sagal (Sons of Anarchy) y Connie Britton (Friday Night Lights).
miércoles, 23 de marzo de 2011
Conociendo, y amando, a los Gallagher.
Shameless tiene ocho temporadas y casi 90 episodios a sus espaldas. Siete años después de su estreno en el británico Channel 4, Showtime decidió que quería esta peculiar familia entre sus series y ordenó la producción de una versión propia que ha estrenado a comienzos de 2011.Antes de explicar los motivos que la coronan, en mi lista, como el mejor estreno del año, quiero aclarar una cosa con respecto a la adaptación y las comparaciones: No he visto Shameless UK. Quizá me lo plantee en un futuro, quizá no, pero este comentario trata la serie como un producto único sin referencias previas. Dicho eso, ¿Qué tienen de especial los Gallagher para haberse convertido en uno de mis mayores disfrutes actuales?
Me gustan los dramas familiares. De siempre. Y no es un género fácil; la coralidad implícita en el género complica las cosas ya que cada personaje tiene que estar vivo, bien definido y ser muy constante con sus acciones y en su forma de relacionarse con el resto. Shameless supera con creces un reto ya de por sí complicado por un elenco repleto de niños, y nos presenta un grupo de personajes cargados de detalles y peculiaridades, con sus toques over the top, que funcionan entre sí como un engranaje perfecto y cuya dinámica y química geniales van refinándose al milímetro con el paso de los episodios.
El cariño hacia los Gallagher nace muy pronto y evoluciona muy rápido gracias a una estructura de episodios que combina el aspecto autoconclusivo de “el problema de la semana”, enfocado generalmente en un personaje, con la maraña de personajes que intervienen y se ven afectados por él, haciendo cada vez más rica la serie.
El tono es otra de sus características más destacables y es que aún me resulta sorprendente la capacidad que tiene para transformar en comedia una situación tan triste, e incluso frustrante a veces, y realmente tan dramática en el fondo. Shameless nos presenta a unos hermanos abandonados por su madre e ignorados por su alcohólico padre que tratan de salir adelante a base de engaños y chiquilladas de todo tipo, siempre pasando la línea de la legalidad y viviendo al borde del abismo.Con un planteamiento como ese, podríamos tener una serie con demasiada carga dramática pero Shameless coge todo lo intenso de la historia y le da la vuelta con un humor cínico, sucio, ácido y de mala baba. No tiene miedo a sacar de quicio las situaciones, a rozar la línea del absurdo, a llevar a sus personajes al extremo o a hacerles sufrir a pesar de la demostrada ternura que les tiene porque, haga lo que haga, ha sido tan hábil construyendo sus propias reglas que nunca pierde verosimilitud.
Shameless es una serie que crece con cada episodio, cada vez más enrevesada, con historias interesantes, emocionales y nada predecibles y con un casting a la altura de las circunstancias tanto en momentos más cómicos como en los más dramáticos. Todos los actores están excelentes, pero hay que destacar el papel de William H. Macy, quien construye su fácilmente odiable Frank con unos toques de simpatía para acompañar a su patetismo, o también Emily Rossum, una Fiona que lleva con mucha solvencia el peso de todos los dramas familiares.
Los Gallagher no son la típica familia trash ni Shameless la típica serie familiar y es por ello que semana a semana, es una de las series que más disfruto actualmente y sin duda el mejor estreno que he visto en este 2011. Para terminar de abrir el apetito, echad un ojo su cabecera, que sirve muy bien como introducción a la serie. ¿Qué haces que no la estás viendo?
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