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El viernes pasado se estrenó la esperada nueva serie de Joss Whedon, Dollhouse. Esa que lleva en boca de todos desde que se supo el proyecto y no precisamente por buenos motivos. Cambios en el piloto, reducción de episodios, programación suicida... la verdad es que la nueva serie de FOX tiene muchos obstáculos que sortear. Lo triste es que dichas trabas las ha puesto la propia cadena, como si ya no tuviese suficiente con tener que enfrentarse a la aceptación de una audiencia cada vez menos paciente y más ausente.
Para el que no lo sepa, y brevemente, Dollhouse se centra en una organización de subsuelo que, para complacer los deseos de sus clientes, dispone de una serie de "activos", que son personas programadas para ser quien ellos quieren que sea. Digamos que estos muñecos tienen un disco duro que es formateado cada vez que hay que hacer una nueva misión. Esta es la base principal de la trama.
El piloto, "Ghost", es entretenido, lo cual ya de por sí es un logro. Tiene ritmo y el caso está bien llevado. Nos presenta a la protagonista, Echo (una simplemente correcta Eliza Dushku), cómo es su día a día (realmente su caso a caso), los principales elementos en dollhouse, la sede y a un policía dispuesto a cualquier cosa para desenmascarar la organización. Pero la historia se presenta sin alma, la situación de Echo y los otros activos, o la malignidad de aquellos que les utilizan, no se explota, no engancha al espectador y ni muestra elementos que atraigan el interés. Un piloto está para eso y en este caso simplemente entretiene.
Esto es peligroso ya que la misión en este caso es entretenida y tiene un transfondo muy útil para mostrar lo que pueden llegar a sufrir los activos o cómo su funcionamiento escapa realmente a su control... pero, sinceramente, dudo mucho que consigan casos del mismo interés, con esa buena base para el entretenimiento, para todos los episodios. No estamos ante una serie autoconclusiva al uso, como puede ser Leverage o Fringe, que tienen unas bases y patrones que siguen en cada episodio. Lo que se nos ha presntado de Dollhouse tiene la ventaja de que puede recurrir al tipo de historia que se les antoje en cada episodio (más dramática, más cómica, más misteriosa o con más acción...) pero esto tiene un gran inconveniente y es que puede caer en esa falta de alma que mencionaba al principio. Episodios inconexos unidos forzadamente por una trama horizontal en la que veremos, probablemente, cómo Echo va descubriendo en qué han transformado su vida.
Es posible que Dollhouse quiera jugar a ese doble sentido de: en cada episodio Echo es formateada, y lo mismo ocurre con la serie, pero parece que toda la estructura del punto de partida y los personajes son una excusa para una serie autoconclusiva y autoreciclable en su formato cuando debería ser al revés. Los casos deberían ser la excusa para mostrarnos todo lo demás y esto es algo que se debería ver exagerado en el piloto. Y no es así.
Resumiendo, me ha parecido correcta y me ha entretenido a pesar de su duración más larga, pero esto no es suficiente. En esta serie no valen medias tintas: si juegas al gran misterio de Dollhouse, tienes que seguir las reglas que tú mismo te has impuesto. Pero bueno, paciencia. Fringe empezó sin saber muy bien lo que quería ser ni a qué quería jugar y ahora engancha y entretiene siempre de lo lindo.
Esperemos que Dollhouse tenga ese tiempo para enseñar a la audiencia lo que quiere ser y a qué quiere jugar.
El viernes pasado se estrenó la esperada nueva serie de Joss Whedon, Dollhouse. Esa que lleva en boca de todos desde que se supo el proyecto y no precisamente por buenos motivos. Cambios en el piloto, reducción de episodios, programación suicida... la verdad es que la nueva serie de FOX tiene muchos obstáculos que sortear. Lo triste es que dichas trabas las ha puesto la propia cadena, como si ya no tuviese suficiente con tener que enfrentarse a la aceptación de una audiencia cada vez menos paciente y más ausente.
Para el que no lo sepa, y brevemente, Dollhouse se centra en una organización de subsuelo que, para complacer los deseos de sus clientes, dispone de una serie de "activos", que son personas programadas para ser quien ellos quieren que sea. Digamos que estos muñecos tienen un disco duro que es formateado cada vez que hay que hacer una nueva misión. Esta es la base principal de la trama.El piloto, "Ghost", es entretenido, lo cual ya de por sí es un logro. Tiene ritmo y el caso está bien llevado. Nos presenta a la protagonista, Echo (una simplemente correcta Eliza Dushku), cómo es su día a día (realmente su caso a caso), los principales elementos en dollhouse, la sede y a un policía dispuesto a cualquier cosa para desenmascarar la organización. Pero la historia se presenta sin alma, la situación de Echo y los otros activos, o la malignidad de aquellos que les utilizan, no se explota, no engancha al espectador y ni muestra elementos que atraigan el interés. Un piloto está para eso y en este caso simplemente entretiene.
Esto es peligroso ya que la misión en este caso es entretenida y tiene un transfondo muy útil para mostrar lo que pueden llegar a sufrir los activos o cómo su funcionamiento escapa realmente a su control... pero, sinceramente, dudo mucho que consigan casos del mismo interés, con esa buena base para el entretenimiento, para todos los episodios. No estamos ante una serie autoconclusiva al uso, como puede ser Leverage o Fringe, que tienen unas bases y patrones que siguen en cada episodio. Lo que se nos ha presntado de Dollhouse tiene la ventaja de que puede recurrir al tipo de historia que se les antoje en cada episodio (más dramática, más cómica, más misteriosa o con más acción...) pero esto tiene un gran inconveniente y es que puede caer en esa falta de alma que mencionaba al principio. Episodios inconexos unidos forzadamente por una trama horizontal en la que veremos, probablemente, cómo Echo va descubriendo en qué han transformado su vida.
Es posible que Dollhouse quiera jugar a ese doble sentido de: en cada episodio Echo es formateada, y lo mismo ocurre con la serie, pero parece que toda la estructura del punto de partida y los personajes son una excusa para una serie autoconclusiva y autoreciclable en su formato cuando debería ser al revés. Los casos deberían ser la excusa para mostrarnos todo lo demás y esto es algo que se debería ver exagerado en el piloto. Y no es así.
Resumiendo, me ha parecido correcta y me ha entretenido a pesar de su duración más larga, pero esto no es suficiente. En esta serie no valen medias tintas: si juegas al gran misterio de Dollhouse, tienes que seguir las reglas que tú mismo te has impuesto. Pero bueno, paciencia. Fringe empezó sin saber muy bien lo que quería ser ni a qué quería jugar y ahora engancha y entretiene siempre de lo lindo.
Esperemos que Dollhouse tenga ese tiempo para enseñar a la audiencia lo que quiere ser y a qué quiere jugar.







Hay series que disfrutamos tanto que
Esto mismo me pasó a mí con
Es hora de volver a formular la pregunta de.. ¿alguien me puede explicar
¿Mala señal? No lo se, pero empieza a hacerse