Tras los tres episodios emitidos de esta apocalíptica temporada, tengo un
torrente de sentimientos en cuanto a la serie, la trama y los hermanos se refieren.
[Entrada libre de spoilers] Uno de los grandes destacados de
Supernatural es su
evolución por temporada. Comenzó siendo una serie entretenida, autoconclusiva, protagonizada por dos hermanos con mucha química. Poco a poco ha ido
añadiendo elementos a su perfil, creando una
red mitológica que ha ido tomando más presencia según avanzaban los episodios y las temporadas.
Tanto es así, que el año pasado se ganó
el favor de la crítica que lo ha elevado a un estatus de serie de culto que ha sabido manejar estupendamente. Ya nadie la comparará con Embrujadas. Alivio.
La serie ha alcanzado su
punto álgido de formato en la
cuarta temporada. La inclusión de nuevos elementos en la mitología de la serie era muy necesaria para darle un soplo de
aire fresco. Pero más allá de elementos de la historia, lo que realmente destaca de la temporada pasada es el perfecto
equilibrio que alcanzaron en la
fórmula de géneros de la serie. Todos los episodios tenían, casi siempre, una mezcla de elementos característicos en la medida justa necesaria:
Humor, thriller, mitología… En este sentido, yo estaba segura de que la serie no podía ir más allá, había
tocado techo y la
quinta temporada dependía totalmente del
manejo de la historia.
Esto me lleva a los
dos problemas que le veo actualmente a la producción de
Eric Kirpke. El primero reside en esta
evolución del contenido dramático de la serie. Supernatural se ha condensado enormemente desde su inicio, alejándose de esa producción
ligera de divertimento y entretenimiento puros que era al principio. No, no echo de menos la serie que era en la primera temporada pero sí, en cierta forma, el
perfil de la tercera o comienzos de la cuarta: una combinación perfecta del dramón en el que nadan los hermanos y las historias de puro entretenimiento.
De un tiempo a esta parte,
todo es muy intenso en la serie. Todo es muy importante,
muy serio y de consecuencias inimaginables. Esto se ha confirmado con estos
tres episodios de la actual quinta temporada donde el devenir de la trama ha
forzado necesariamente, y como evolución lógica de la situación, unos
desarrollos de una magnitud dramática que, para mi gusto, han
sobrepasado las necesidades de la serie. Echo de menos las risas, las tramas inconsecuentes… más ligereza.
Esto enlaza con el segundo problema y es
la relación de los dos hermanos. Si, la serie ha sido fiel a los acontecimientos y la situación actual era la única posible por la lógica de todo lo que ha ocurrido pero, a pesar de
saber y admirar eso, no puedo evitar
añorar enormemente a esa pareja que eran hace un par de temporadas,
todo el día de coña, con sus más y sus menos pero que, al final del día, siempre tenían al otro para
apoyarse y confiar. Su relación actual me entristece tanto que quizás está
mermando mi disfrute de los episodios…. Ni siquiera considero aprovechado al máximo el dúo
Dean/Castiel, hay más risas potenciales ahí.

Y ahora, tras lo último acontecido, no parece que vivamos aquellos momentos de hermanos de antaño. Ahora
Sam y Dean tienen dos caminos muy distintos y dos destinos enfrentados. ¿Me gusta toda esta intensidad dramática y mitológica de la serie? Sí, es tan excitante todo... ¿Echo de menos momentos menos trascendentales? Mucho.
Nunca dudaré de que
Supernatural es una de las series que más disfruto actualmente y que me ha hecho pasar grandes ratos. Aplaudo la forma que han tenido de llevar la serie e ir
cargándola de cosas interesantes. Ahora mismo es la gran serie que podía ser, con una historia relevante e interesante que constantemente planta nuevos
giros inesperados que aumentan el nivel de deleite. Todo esto es cierto y así lo creo pero supongo que la forma de resumir toda esta entrada es fácil: Quisiera por un momento disfrutar de algún episodio divertido o ligero a la par que elaborado como Folsom Prison Blues, Mystery Spot, Yellow Fever, Jus in Bello o Bad Day at Black Rock, por citar algunos.