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Quién me iba a decir a mí al comienzo de la temporada de Fringe que a estas alturas estaría deseando que se acabase el largo parón que hemos tenido de la nueva serie de J. J. Abrams.
Este primer año ha sido irregular pero con evolución constante. De primeras muy convencional y no especialmente llamativa o recomendable, Fringe ha ido poco a poco afianzando su formato, contenido e intención hasta el punto de llegar a ser un entretenimiento semanal imprescindible. Esta Expediente X moderna ha encontrado el equilibrio de sus diferentes componentes y con la reciente entrega, "Inner Child", lo ha vuelto a demostrar.
El misterio, la ciencia ficción, la acción, los toques de humor y el drama unidos a una moderada ración de trama horizontal han dado como resultado unos últimos capítulos que deberían ser la envidia de muchos procedimentales actuales porque sí, aunque con sus excentricidades y peculiaridades, Fringe es un procedimental.
Pero no quiero irme por las ramas y entro directamente a hablar del capítulo de esta semana (por lo que deja de leer si no has visto el episodio. Sólo hay spoilers de éste). "Inner Child" no sólo es un claro ejemplo de esa fórmula perfecta que comentaba antes (tiene de todo y en su justa medida) sino que además es un delicioso homenaje a una de las películas más mágicas de Spielberg: E.T. El Extraterrestre.
Todo está inventado y ya me imagino la mesa de guionistas en un brainstorming de fenómenos fringe. Alguno diría "¿Y sí hacemos que un niño se conecte emocionalmente con Olivia?" y otro contestaría "Si, claro, y le hacemos beberse cerveza de la nevera mientras vemos a la Dunham pulular borracha por el FBI" (hubiera sido divertido, por cierto). ¿Y por qué no hacer un homenaje a ET, ya que estamos?
Y así ha sido. Un bonito, adaptado y efectivo homenaje a la entrañable historia del extraterrestre. El estar encerrado desde su nacimiento le otorga al ET de Fringe una habilidad excepcional de sentir y escuchar lo que le rodea. Tanto es así que en un mundo extraño donde todo le asfixia, conecta con esa mujer amable y sincera que le habla con delicadeza.
Ella trata de comunicarse con él y, al igual que Elliott colocaba una ristra de caramelos de colores, Olivia juega con unos M&Ms, al igual que Elliot se ponía enfermo a la vez que ET, el niño siente el frío de Olivia al entrar en la nave refrigeradora... De la misma forma que ET hace a las bicis sobrevolar el bosque, el pequeño protagonista del episodio muestra a Olivia el camino de la forma más fácil que puede: Escribiendo las indicaciones en su dirección de lectura o dibujando esa flecha con los dulces desechados por la agente..
Hasta el aspecto físico del niño recuerda a E.T, a la vez que inspira algo de miedo, es tierno y no sólo conecta con Olivia sino también con el espectador. Por ello nos emociona saber que quieren llevárselo. Ha sobrevivido en unas condiciones extraordinarias y es tan digno de estudio como un pequeño ser extraterrestre que cura con sólo tocar tu dedo.
Pero las crudas historias a veces necesitan finales felices y al final los malos no se salen con la suya y el grupo de amigos consigue despistarles y rescatar a E.T. En este caso no vuelve a casa, sino que se lo llevan a un nuevo hogar.
Esperemos que este especial empatizador acabe siendo un niño feliz con una vida normal, algo que "El Observador" parece no haber conseguido. ¿Estará igualmente unido a Olivia? Solo el tiempo lo dirá.
Quién me iba a decir a mí al comienzo de la temporada de Fringe que a estas alturas estaría deseando que se acabase el largo parón que hemos tenido de la nueva serie de J. J. Abrams.
Este primer año ha sido irregular pero con evolución constante. De primeras muy convencional y no especialmente llamativa o recomendable, Fringe ha ido poco a poco afianzando su formato, contenido e intención hasta el punto de llegar a ser un entretenimiento semanal imprescindible. Esta Expediente X moderna ha encontrado el equilibrio de sus diferentes componentes y con la reciente entrega, "Inner Child", lo ha vuelto a demostrar.El misterio, la ciencia ficción, la acción, los toques de humor y el drama unidos a una moderada ración de trama horizontal han dado como resultado unos últimos capítulos que deberían ser la envidia de muchos procedimentales actuales porque sí, aunque con sus excentricidades y peculiaridades, Fringe es un procedimental.
Pero no quiero irme por las ramas y entro directamente a hablar del capítulo de esta semana (por lo que deja de leer si no has visto el episodio. Sólo hay spoilers de éste). "Inner Child" no sólo es un claro ejemplo de esa fórmula perfecta que comentaba antes (tiene de todo y en su justa medida) sino que además es un delicioso homenaje a una de las películas más mágicas de Spielberg: E.T. El Extraterrestre.
Todo está inventado y ya me imagino la mesa de guionistas en un brainstorming de fenómenos fringe. Alguno diría "¿Y sí hacemos que un niño se conecte emocionalmente con Olivia?" y otro contestaría "Si, claro, y le hacemos beberse cerveza de la nevera mientras vemos a la Dunham pulular borracha por el FBI" (hubiera sido divertido, por cierto). ¿Y por qué no hacer un homenaje a ET, ya que estamos?
Y así ha sido. Un bonito, adaptado y efectivo homenaje a la entrañable historia del extraterrestre. El estar encerrado desde su nacimiento le otorga al ET de Fringe una habilidad excepcional de sentir y escuchar lo que le rodea. Tanto es así que en un mundo extraño donde todo le asfixia, conecta con esa mujer amable y sincera que le habla con delicadeza.Ella trata de comunicarse con él y, al igual que Elliott colocaba una ristra de caramelos de colores, Olivia juega con unos M&Ms, al igual que Elliot se ponía enfermo a la vez que ET, el niño siente el frío de Olivia al entrar en la nave refrigeradora... De la misma forma que ET hace a las bicis sobrevolar el bosque, el pequeño protagonista del episodio muestra a Olivia el camino de la forma más fácil que puede: Escribiendo las indicaciones en su dirección de lectura o dibujando esa flecha con los dulces desechados por la agente..
Hasta el aspecto físico del niño recuerda a E.T, a la vez que inspira algo de miedo, es tierno y no sólo conecta con Olivia sino también con el espectador. Por ello nos emociona saber que quieren llevárselo. Ha sobrevivido en unas condiciones extraordinarias y es tan digno de estudio como un pequeño ser extraterrestre que cura con sólo tocar tu dedo.
Pero las crudas historias a veces necesitan finales felices y al final los malos no se salen con la suya y el grupo de amigos consigue despistarles y rescatar a E.T. En este caso no vuelve a casa, sino que se lo llevan a un nuevo hogar.
Esperemos que este especial empatizador acabe siendo un niño feliz con una vida normal, algo que "El Observador" parece no haber conseguido. ¿Estará igualmente unido a Olivia? Solo el tiempo lo dirá.












