Estos días la (No) Ley Sinde está dando mucho que hablar y no he podido resistirme a desahogarme un poco en este blog, aunque hable de muchas más cosas que de la televisión.Hay muchos elementos dentro de todo este problema que me resultan tremendamente frustrantes. Primero es la incapacidad de adaptarse a los tiempos que corren. Evidentemente las distribuidoras, las cadenas, las discográficas, las editoriales y todas las involucradas en este asunto pueden hacer lo que les venga en gana con sus productos y nadie tiene derecho a robarles por ello, pero que no les extrañe que con su codicia del corto plazo y con su desgana para cambiar a la vez que cambian las tecnologías y los hábitos de consumo, los españoles busquemos otras vías de conseguir lo que queremos.
Ejemplo práctico: las series internacionales. En esta comunidad de bloggeros seriéfilos la gran mayoría sigue las series a ritmo de Estados Unidos por la inmediatez y por la versión original. Sí, los que hacemos esto somos mucho más minoría de lo que nos pensamos pero ahí está el ejemplo de Héroes, cuya primera temporada batió records de audiencia en Syfy y después se hundió sin poder levantarla de ninguna forma porque la gente lo había seguido al día con la emisión estadounidense. La TDT ofrece ahora una posibilidad excelente de fragmentar la audiencia y premiar la calidad de los espectadores por encima de la cantidad. Y además con este tipo de productos hay una ventaja: no estamos hablando de un nicho de señoras mayores que apenas gastan sino de el público más codiciado, el de 18 a 34 años. ¿Por qué? ¿Por qué no se adaptan?
Es como el tema de los libros electrónicos, un asunto por el que me hierve la sangre cada vez que me atrevo a bucear en él. La Fnac abrió hace ya un par de meses un área de descarga de libros electrónicos. Yo os invito a visitar ese catálogo donde los libros cuestan igual o más caros que una edición impresa de bolsillo y donde en el apartado de “ofertas” encontramos títulos libres de derechos que cualquier biblioteca de un lector (la mía de Papyre, por ejemplo) te los regala. Y es que me enervo y me frustro. ¿Porqué las editoriales no son capaces de buscar un nuevo modelo de negocio? ¡Va a ocurrir! ¡Ahí tienen el ejemplo de la música! ¿Por qué no se adelantan y encuentran un sistema válido para ellos y para nosotros? Pasarán dos cosas: o los escritores son listos y prescinden del intermediario dando al usuario el producto final a precio razonable o el mercado de ebooks ilegales acaba de estallar y las editoriales salen lloriqueando en los medios.
Yo quiero pagar. La última novela de Stephen King, autor de bestsellers, tardó meses en aparecer en España de forma electrónica y al mismo precio que la edición de tapas duras. ¿Estamos locos?. Estoy segura de que no soy la única que quiere pagar por un ebook, bien formateado y a un precio razonable, antes que bajarlo de internet, traducido por usuarios o escaneado cutremente. Pero de momento, la segunda es la única opción válida que tenemos ahora.
Y luego está la música. Gente: dejad de comprar CDs. Asociar la compra de música a un formato físico es prehistórico y hay que hacer desaparecer los CDs para que las discográficas vean lo que hay y a lo que no han sabido adaptarse. Pero esta vez no voy a ir contra ellas, no, sino contra los artistas. Me resulta increíble que un artista se queje de las descargas ilegales de música cuando la mayoría no puede vivir de vender discos, digo archivos, y vive de los conciertos. La mayoría de los grupos que yo escucho los he conocido gracias a descargarme su música (y no por el esfuerzo de una discográfica sino por el tecla a tecla de internet) y después me he gastado el dinero gustosamente en ir a sus conciertos y comprar allí mismo su merchandising e incluso a veces su disco. ¿Por qué no ven que las descargas son beneficiosas para ellos? ¿Por qué no ven que estableciendo un sistema de descargas de su música propio a un buen precio, van a salir ganando mucho más?
Es como lo de iTunes España. Por fin aparece un sistema de compra y alquiler de películas en la plataforma de Apple y cuando uno ve el percal, se deprime. Tenían una posibilidad de establecer una plataforma accesible, válida y recurrente para todo el mundo y sin embargo se han mirado el ombligo, han vuelto a invocar la codicia más oscura en ellos mismos. Nos ofrecen poco catálogo, poca variedad de tipo de cine y, lo peor, unos precios carentes de sentido donde por un par de euros más te vas a una tienda y te compras un Dvd con extras, libro y todas esas pijadas que les meten ahora. ¿Por qué? ¿Por qué no han visto que si de primeras la gente ve una buena oportunidad de conseguir descargar cine en calidad y a buen precio, la comodidad iba a prevalecer por encima de la gratuidad? Pero no, mejor ganamos mucha pasta ahora con los cuatro gatos que paguen y ya veremos después. Y cuidado cuando salga Amazon España. Nos vamos a reír.
En Estados Unidos hay una empresa chiribitifláutica que se llama Netflix. Con Netflix, por 8 dólares, al mes, OCHO, tienes descargas ilimitadas de películas y series. Y por dos dólares más te llevan el Dvd a tu buzón. En iTunes España, con ese dinero te compras una peli o te alquilas dos. Punto.
Y como ya me he enrollado mucho no voy a entrar con las empresas de telecomunicaciones, que llevan estafándonos con la velocidad de conexión y los precios desde que apareció el ADSL y la Sinde de eso no dice nada. Para perseguirnos a los que descargamos cosas, se afila las uñas, pero para poner el ojo en aquellos grandes beneficiados de todo este asunto se hace la tonta porque le conviene.
En fin. Mi puñado de ideas random sobre el tema acaba aquí. Os doy las gracias por leer mi desahogo y os invito a que hagáis lo mismo en los comentarios.
El 

Hasta el prólogo del último episodio otoñal de
El 


Fringe ha sido movida a los viernes. Este es, junto al sábado (día en el que ni siquiera se programa ficción en prime time casi nunca), 


