No sé si a vosotros os pasa lo mismo pero es curioso cómo me afectan las series que más me gustan. Por muchas ganas que tuviese de ver un nuevo episodio de Fringe, cualquier rato no era válido. Necesitaba el momento perfecto para sentarme a disfrutarla como no hago con otras series. De la misma forma, he sido capaz de hablar de varios finales y temporadas de otras series y, sin embargo, me ha costado horrores sentarme a escribir sobre mi, probablemente, serie favorita actual.Como ya os comenté, hace unos días participé en un debate de La Caja de Spoilers sobre la serie y eso me ayudó a verbalizar mis pensamientos y sentimientos, así que ya es hora de explicaros lo que necesitáis saber para convenceros de lo buena que es Fringe. Y lo voy a hacer sin spoilers ya que el debate está repleto de ellos.
Fringe es una serie autoconclusiva y siempre lo ha sido ni ha querido engañar a nadie a este respecto. Empezó en terreno farragoso con unos cuantos episodios seriados con el foco donde no correspondía pero, en seguida, la serie eligió el buen camino. Cada caso de Fringe es interesante, llamativo, original y, además, tiene relación con El Patrón.
A pesar de su autoconclusividad, la trama horizontal está constantemente presente en la serie y siempre hay elementos relacionados con El Patrón, Massive Dinamic y otros que no menciono por no spoilear.
A la vez que la trama principal avanzaba e íbamos conociendo más detalles sobre El Patrón y sus orígenes, los casos se han ido haciendo más retorcidos y peculiares, reforzando así la conexión de todas las tramas en sus episodios. Los primeros casos eran más inocentes, más aislados, mientras que la segunda temporada ha evolucionado de tal forma que la conexión entre la trama autoconclusiva y la principal estaban directamente relacionadas como en “White tulip”.
Para mí, Fringe es la mejor candidata actualmente a cubrir ese hueco que Lost ha dejado y que tanta gente está intentando reemplazar (entre los que no me cuento, por cierto. Lost es Lost y es irremplazable). Fringe juega con grandes misterios, con muchas incógnitas. Tenemos temas de tiempo, conflictos paterno-filiales, compañías misteriosas, personajes con dos caras y muchos secretos.Pero como decía en el debate, Fringe cuenta con una ventaja y es que sus misterios y preguntas se crean principalmente desde los personajes. El misterio no es ajeno a ellos y han de descifrarlo junto al espectador, sino que las preguntas, las dudas, las sorpresas y la mayoría de misterios de la serie parten de ellos mismos. Evidentemente hay explicaciones ajenas a ellos pero todo está focalizado en ese trío protagonista que son Walter, Peter y Olivia.
Y hablando de los personajes, no puedo seguir sin hablar del elenco tan inteligentemente construido que tiene la serie. Alrededor Walter (impresionante John Noble en el papel), ese personaje cómico y entrañable que a la vez inspira tanta tristeza, se construyen todas las incógnitas de la serie. Sus conocimientos, de lo que es capaz la ciencia finge y todo lo que la rodea es un misterio hasta para él. En su entorno encontramos a Peter, con quien forma el dúo cómico y esa historia paternofilial donde el pasado y la identidad son tan importantes. Por otra parte tenemos a Olivia, un atípico personaje femenino que se deja llevar muy poco por sus emociones hasta el punto de resultar fría. La primera temporada se centró en ella y en descubrir quién era y cuál era su papel en la historia de El Patrón. La segunda temporada ha sido para Peter, su procedencia y su identidad. Ambas historias con Walter siempre como epicentro de todo descubrimiento.
La intención de esta entrada era presentar los motivos que, para mí, hacen de Fringe una gran serie. Una serie interesante, intensa, con unos personajes empáticos, con raciones de humor y de terror, con raciones de tensión y sorpresa. Una serie que es capaz de sorprender y que ha crecido con cada capítulo.
La primera temporada tardó en asentarse y decidir lo que quería ser pero pronto empezó a crecer. Después del parón navideño, allá por el magnífico episodio 15, todos los elementos que la hacen grande explotaron y el crecimiento fue exponencial hasta despedirnos con un finale de aúpa. La segunda temporada no sólo ha conseguido mantener ese nivel al que despidió la primera, sino que poco a poco lo ha ido mejorando, regalándonos una temporada que, para mí, ha sido casi perfecta.
Acabo volviéndome a quitar la espinita de defender a Fringe con respecto a su formato. Hay espectadores que la critican por motivos que, generalmente, considero que son erróneos. La serie nunca ha engañado a nadie. De base siempre ha sido un procedimental y si no te gustan, es probable que Fringe te aburra. Ya he contado que, para mí (que tampoco soy muy amiga de los procedimentales) tiene tantos y variados elementos que la hacen inclasificable y la complementan que puede gustar a todo tipo de espectadores. Sin embargo, comprendo que existan seguidores que no disfrutan de los “fringe de la semana” pero la serie no merece ser criticada por ello. Es como criticar 24 porque se cuenta en tiempo real. Se puede decir que los personajes de Fringe pueden resultar fríos, algunos casos (como aquel del virus informático) pueden estar cogidos por los pelos incluso para una serie como esta o que los misterios no tienen el suficiente interés para uno… Su formato puede gustarte o no, pero eso no la hace mejor o peor.Dejando ya de alimentar el “párrafo-rabieta”, con esta entrada pretendía remarcar aquellas cosas que, para mí, hacen especial a esta serie que me tiene pegada a la pantalla con cada nuevo episodio. Espero que aquellos que no la hayan visto le den una oportunidad y que aquellos que están recelosos, la miren con otros ojos.
Por mi parte nos vemos en una próximo post donde entraré ya en temas de contenido y de desarrollo de las historias con su correspondiente contenido spoilero.




















Todo tiene un fin. Incluso el Apocalipsis. Hemos pasado De Wendigos a Demonios de ojos amarillos. De virus Croatoan a Ángeles poco angelicales. Amores fraternales. Amores infernales. Amistades celestiales. Sangre. Risas. Llantos. Traiciones… Supernatural ha lidiado con muchas cosas y ha sido la más complicada de todas, la que mejor han sabido cerrar. Porque todo tiene un final y acabar con el Apocalipsis no es tarea fácil.
Pero me estoy adelantando. En el punto en el que estamos con la serie, y mirando hacia atrás, no me cuesta demasiado llegar a la conclusión de que la cuarta temporada ha sido mi favorita. En ella, tras tres años de constante evolución, encontraron el equilibrio perfecto entre el caso episódico, la mitología, el drama y la comedia.


